| Moy's profileRepública de las Islas M...PhotosBlogLists | Help |
|
September 23 Aplastado en el Zócalo...—Domino’s Pizza, buenas tardes —Contesto mi celular —¿Hola? —Responde Karla, sacada de onda —Domino’s Pizza, ¿le puedo tomar su orden? —Insisto —¿Quién habla? Me río —¿Qué onda? —¡Ash, baboso!, ¿Dónde estás? —Contesta —Pues vamos caminando sobre Madero, ya hacia el Zócalo, ¿tú dónde andas? —Respondo —¿Cuál es Madero? —Donde está el Zara, Mixup, Pull & Bear, Burger King… —Ah, ya sé dónde. Yo ya estoy por aquí en el Zócalo, hay un chingo de gente, creo que está cerrada la calle — ¿Neto?, pues yo veo que la gente sigue avanzando. —¿Con quién vienes? —Con Isaac, su tío, mi hermano y su novia, igual si quieres ahorita que lleguemos ahí te marco. —Vale pues, me dices. Son las 7:30 de la noche, es 19 de septiembre y vamos para el Zócalo a ver un espectáculo de luces y sonidos supuestamente muy bueno y único en su tipo; obvio relacionado con el tema de la Independencia. Hoy es el último día que se presentará y pensé que sería bueno verlo. Mi celular suena de nuevo: —Mongolo, ¿dónde andan? —Oye estamos aquí en Madero esquina Isabel La Católica, creo que está c —Te dije, yo estoy aquí por un centro joyero —Ah, ¿sí? Pues yo de aquí veo el Centro Joyero, —Neto, pero no te veo —Yo tampoco, mira estamos aquí en el Zara y el Centro Joyero en Madero e Isabel la Católica, vente para acá —Yo también estoy en el Centro Joyero, Mongolo ¿dónde están ustedes? —Karla, ¿estás segura que estás en el Centro Histórico de la Ciudad de México? —Mi amiga es un poco despistada, me recuerda a Phoebe de “Friends”. —Ash, no güey, estoy en la Plaza Roja de Moscú. Pero, oye, yo creo que me queda más cerca la calle de 16 de septiembre —Contesta. Seguramente está confundiendo una joyería común con el “Centro Joyero de la Ciudad de México” —¿Sabes qué?, mira sí, está cerrado el paso, yo creo que mejor vamos a dar la vuelta por 16 de septiembre y ahí te vemos cuando lleguemos al Zócalo —O.K., Mongolo Damos la vuelta a la manzana y seguimos la misma dirección hacia la plaza central, pasamos el hotel Holiday Inn y nos quedamos en la esquina. Hay muchísima gente y la neta no tengo ganas de meterme hasta la plaza a que me empujen y me echen su aliento. Desde esa esquina se ve un poco del Palacio Nacional, donde reflejarán las luces, por lo que propongo a mis acompañantes que nos quedemos ahí y así, en caso de que se ponga muy fea la situación, estaremos cerca de la salida. Vuelve a sonar mi celular. —¿Qué onda? —Mongolo, tengo miedo… está horrible, la gente se empuja para todos lados. ¿Dónde andan? —En 16 de septiembre, en la esquina justamente, hay una joyería —¿Neto? Yo ya estoy en el Holiday Inn —Ash, Mongola, te pasaste, estábamos aquí esperándote. Mira, estoy en la esquina viendo hacia el hotel, traigo un paraguas negro —Ay, no te veo ¿dónde estás? —Aquí, ¿no me ves? —Brinco como gata en celo y agito mis manos y el paraguas —Ay, ya te vi… bye Por fin nos reunimos, en verdad que está todo muy congestionado, temo que nos aplasten. Mi hermano y su novia se mantienen pegados el uno al otro como líquenes (as usual) y se acercan a la columna del edificio. Los demás nos quedamos cerca de la entrada de la joyería. —Ay, esto está horrible y me dio miedo. Escuché que mataron a dos policías y por eso cerraron Madero —Dice Karla —Karla, lo de los policías fue ayer… lo del loco que se metió a balacear gente al metro Balderas —Contesta Isaac, con su característico tono sarcástico. —¿Ah sí?, no pues ni idea —Dice Karla —Sí, yo creo que la gente comentaba lo que pasó ayer y fue lo que escuchaste. O sea, si hubiera habido una balacera hace rato yo creo que la gente se habría echado a correr ¿no? —Contesto —Ay, no sé… —Agrega Karla —Oigan, por cierto, yo tengo una cena a las 8:30 en un restaurante en la calle de Humboldt —Les comento a todos —¿Cena de qué? —Pregunta Isaac —Pues con mis papás… family dinner, ya sabes—Respondo —Supuestamente esto va a comenzar a las ocho y dura veinte minutos. En cuanto termine me voy luego, luego… —Ay, tú tan familiar, “amiga” —Dice Isaac La gente se acumula más y más. El cielo está nublado y temo que caiga una tormenta como en días pasados. Cada vez hay menos espacio entre nosotros y el resto de la gente que intenta, por la fuerza, acercarse más al Zócalo. Hay personas de todas las edades, incluso niños pequeños y bebés. No muy lejos de nosotros un señor eleva una carriola con ambos brazos… con el bebé aún dentro de ella. No quisiera imaginar lo que le ocurriría a ese niño si se cayera. —Yo creo que ya no nos movemos —Propongo de nuevo —Sí hay que quedarnos aquí —Responde el tío de Isaac Me preocupo, la masa de gente insiste en apretujarse. Ahora hay varias personas que, cansadas y desesperadas, han decidido retirarse. El mexicano promedio es desordenado, aprovechado, inconsciente y egoísta; no es extraño entonces que, en lugar de formar una sola fila, la gente lo haga de manera descuidada, desordenada, hacia todos lados. Comienzan los conflictos: —¡Hey, dejen pasar! —Grita un señor gordo, moreno, de bigotito… —¿Para dónde lo dejo pasar, señor? No hay paso, está todo apretado —Le responde una mujer arrugada con los dientes chuecos —¡No empujen!, ¡No empujen! —Gritan varios a lo lejos —¡Cuidado!, ¡hay niños! —Exclama una mujer mientras abraza a su hija feita La gran masa nos ha movido a Isaac, su tío, Karla y a mí hacia la entrada de la joyería. Mi hermano se queda afuera, cerca de la columna, pretendiendo proteger a su novia. —Propongo abortar la misión —Digo —Pues ¿sí?, ¿no? —Contesta el tío de Isaac —Pero yo creo que ya no vamos a poder salirnos, ve cómo está todo —Dice Isaac —Ash, es que a este tipo de eventos se viene toda la gente de los municipios conurbados como Chimalhuacán, Cuautitlán-Izcalli, La Paz, Chalco… —Ay sí, además como dijeron que hoy era el último día, se vino toda “la raza” —Agrega Isaac —Igual y ahorita que empiece el espectáculo la gente ya se calma y deja de empujarse —Comenta Karla La gente sigue gritando y empujándose. Ahora una bola de mexi-nacos aprietan a una señora morena, gorda y chaparra, como si fuera un chicozapote. Me río y volteo a ver a Isaac. —Hubieras traído tu Flip Mino para grabar en video cómo la gente gata-fea se empuja y se grita—Le digo —Sí, de hecho la traigo. Deja la saco. —Contesta y saca su pequeño gadget y comienza a grabar. Hace unas tomas hacia todas las direcciones mientras nos reímos —Luego lo subimos a Youtube como: “Tumulto en el Zócalo” o “Gente gata empujándose” —Agrego. Se viene una ola de gente que empuja a tres mujeres de edad media, piel blanca y ojos claros contra nosotros. La más gorda se está abrochando un botón de su blusa. —¡Ay!, ¡me desnudaron! —Grita —Está horrible esto —Contesta la otra —¡Qué horror!, yo creo que mejor nos regresamos —Agrega la tercera —Sí, pero ¿para dónde? Ya no se puede pasar, ni para dentro ni para fuera —Responde la primera Me acerco a Isaac y le pregunto si grabó el grito de la mujer gorda. Se ríe, reproduce el video y alcanzamos a escuchar en volumen bajo el “Ay, me desnudaron”. Nos reímos aún más fuerte y una de las tres mujeres nos voltea a ver. En una oportunidad Isaac y Karla se salen de la joyería y se colocan justo afuera, entre la pared de cantera del edificio y el aparador de cristal. Yo me quedo en la entrada, bajo la puerta metálica del negocio y me imagino lo que podría pasarme en caso de que súbitamente se cerrara. Ahora atrás de mí hay una mujer joven con su novio y a mi lado una señora y un señor de unos 60 años, una niña de unos 10 y un chico de unos 18, no feo que de vez en cuando me sostiene la mirada (Es lo único agradable que hay por aquí; el resto con certeza sería gente tipo Épsilon si estuviéramos en Brave New World de Aldous Huxley). El tiempo se me hace eterno. —Déjenme entrar, por favor —Dice una señora que trae abrazando a una niña fea que llora —Ay, señora, ¿a dónde la dejamos entrar? Ya no cabemos, estamos muy apretados —Responde la mujer que está a mi lado —Es que mi niña está llorando, nada más para que se calme —No, pues en ese caso yo creo que también me voy a poner a llorar, para que me abran paso y me pueda salir —Le digo al tío de Isaac, pero quien se ríe es el chico no-feo que está a mi lado Suena mi celular de nuevo. Es mi hermano. —¿Qué onda, cómo estás? —Me pregunta —Bien, ¿y ustedes?, ya los perdí de vista —Bien, ya estamos llegando a la casa —¡No mames!, ¿y eso? —Pregunto —No, pues es que se puso súper feo todo esto y nos salimos. Apenas alcanzamos a irnos —Responde —Qué bueno, aquí está horrible, yo estoy casi dentro de la joyería, con que no me estrellen contra el aparador de cristal todo está bien. Pero pues en general no estamos tan peor como la demás gente —Bueno, cuídense, la gente se altera mucho y se pone nerviosa y agresiva en estas situaciones. Llámame cuando salgas de ahí —Me advierte. Creo que mi hermano sería un buen jefe de seguridad en algún corporativo. —Es que se me acabó el saldo del celular y no pude ponerle en el cajero, pero cuando llegue al restaurante le digo a mi papá que te avise —Vale pues, bye El chico-no feo de a mi lado sigue viéndome, qué hueva que éste no es un lugar lindo para platicar con él. La niña de 10 años se toca la cabeza y la señora la sostiene. —Se está mareando —Comenta la señora —Sí, me siento mal —Agrega la niña —Siéntate, hija. Seguro le falta el aire —Dice la señora Efectivamente. Por fortuna yo mido un metro setenta y siete centímetros y alcanzo a respirar mejor; no podría soportar estar a la altura promedio de estas personas y tener que respirar el dióxido de carbono y el mal aliento emanado de sus bocas. Pero mejor ni pensar la cantidad de vapores humanos que estoy aspirando porque si no me va a dar asco y con certeza se me bajará la presión. Hace mucho calor; estoy debajo de las luces que alumbran el aparador de cristal y la gente nos empuja horrible. ¿En qué momento pensé que sería divertido y cool venir al Zócalo? Después de haber visto shows de luces y sonido el 4 de julio en Washington, ¿qué podría tener esto de extraordinario. —Espero que no me estrellen contra el cristal y que me quede con una cicatriz de “Marisol” (una telenovela noventera con Érika Buenfil-fea) —Ay, no —Responde sonriendo el tío de Isaac —¿Ya debería comenzar el espectáculo, no? Ruego porque ya comiencen las luces y la música para que la gente conflictiva se calme un poco. Además, entre más pronto comience el show, más pronto acabará y yo llegaré a tiempo a mi cena. Ya se está haciendo tarde. ¿Qué no hay nadie de seguridad pública controlando esto? Si tuviera saldo en mi celular intentaría marcar a algún número de emergencia. ¿Se podrá? Marco 060 pero mi celular dice: “llamada perdida”… carajo. —¡Aahhh! —Grita la gente al unísono cuando se apagan todas las luces en las calles y comienza la música. —¿Qué hay? —Pregunta la señora que está a mi lado. Obvio, con su chaparrez ella no ve ni madres —Pues, ahorita está iluminado el Palacio (Nacional) y el efecto es como si las ventanas y columnas se movieran —Dice el chico-no feo con una voz delgada y con acento naco probablemente de la región oriente de la ciudad.( I feel so disapointed) —Ah, pues es que yo no veo nada —Contesta la señora —Creo que nadie ve nada —Responde la chica que está atrás de mí. Sólo vinimos hasta acá por nada. —No lo vale ni la empujada ni la manoseada—Agrega el chico-no feo El espectáculo sigue. Yo lo veo parcialmente: texturas sobre el edificio, efectos de luz que contra un tipo de humo forman figuras en tercera dimensión, música instrumental y tradicional mexicana, letras gigantes que dicen: VIVA MÉXICO… etc. Me preocupa qué pasará cuando todo esto termine y toda la masa de gente que está en la plaza comience a buscar una salida. —A ver si ahorita en el segundo show nos toca ver mejor —Dice el señor —¿¡Segundo show!? —Exclamo —Sí, dicen que lo van a repetir creo que otras dos veces porque asistió más gente de la que se estimaba —Responde. No, ni madres, esto se va a poner horrible. Después de que acaben las luces, toda la gente que está dentro de la plaza querrá irse y los que están fuera van a querer entrar por la fuerza. Veo la hora; yo ya debería estar llegando al restaurante. —Pues yo no me quiero quedar. Hay que intentar salirnos en cuanto termine esto ¿no? —Pregunto al tío de Isaac —Sí, ¿no? Ahorita nos salimos para donde están Isaac y su amiga y a ver cómo nos vamos —Responde El calor y la falta de aire me están sofocando. Por favor que esto ya se acabe. Bien, silencio… se apagan las luces, se encienden las luces de las calles… Ya se acabó. Volteo hacia el interior de la joyería y veo que ahora estoy más adentro que al principio y el empleado que la atiende tiene una cara de preocupación, (yo lo estaría si una masa de gente se metiera prácticamente por la fuerza). —¿Y por qué no intentamos salirnos todos de una vez para hacer presión y obligar que los demás nos hagan un espacio —Digo en voz alta, intentando animar a los demás —Yo creo que sí, si no vamos a salir bien tarde de aquí, como hasta la 1 de la mañana o no sé. —Responde la señora Una, dos, tres… Todas personas que estamos en la entrada de la joyería hacemos presión y logramos salir a pesar de las protestas de los que están afuera. Veo a Isaac y Karla, que se habían quedado a la entrada y les hago señas para que se acerquen a nosotros. Karla se pone frente a mí y la abrazo, intentando protegerla. Ahora somos un flujo de gente que ha logrado alinearse para salir. Comenzamos a caminar mientras nos empujamos. —Hey, ¡no empujen! —Gritan unos señores feos, gordos, chaparros que quieren entrar al Zócalo —¡Háganse para otro lado!, ¡váyanse a la derecha los que van a salir! —Grita un joven feo con tipo de cargador del mercado de La Merced. Como si sus indicaciones fueran lo que estábamos esperando para mejorar la situación. —¡Ay, ¿para dónde quieres que nos hagamos si ustedes están estorbando?! —Contesta una mujer joven que no sé de dónde salió. Y es cierto ¿para dónde quieren que nos movamos si no hay ningún espacio. —Mongola, el poco busto que tienes ya te lo aplastaron, ¿verdad? —Le digo a Karla —Uy, sí, desde hace rato —Responde La gente maleducada insiste en entrar sin dejar salir primero a los que ya nos queremos ir. Nunca respetan esa norma básica de convivencia: “Antes de entrar, permita salir”. Esa frase está escrita por todos lados pero nadie le hace caso, por eso en el transporte público siempre se hace un caos horrible (ya sea autobús, metro o metrobús) y estoy seguro que los automovilistas se comportan igual y ésa es la razón de los embotellamientos horribles que se hacen por toda la ciudad. ¿Y todavía me juzgan cuando digo que quisiera irme a vivir a otro país? —¡Hey, no empujen!, ¡hay niños! —Se escucha a lo lejos —¡Se cayó alguien!, ¡se cayó alguien! —Grita Isaac de pronto —¡Hey, hay una persona tirada, la están aplastando! —Dice su tío Qué miedo. Por unos instantes
la gente se mueve y hace un círculo alrededor de la supuesta persona aplastada… —Ay, no, era una carriola tirada —Dice Isaac riéndose y nos voltea a ver. Nos reímos con él —Pero sólo así se movieron un poco, eh —Agrega su tío —¿Y a nadie se le ocurrió llamar a algún teléfono de emergencia para pedir que venga algún oficial a controlar todo esto? —Pregunto en voz medianamente alta —Es que, neto, eh… No hay nadie —Comenta Karla, quien continúa delante de mí —¡Yo quisiera que Marcelo Ebrard se parara aquí junto a mí para que vea cómo se puso esto! —Grita una señora fea de unos 50 años —Como si la mala educación de la gente y mala organización del evento fueran completamente la culpa del gobernador del Distrito Federal Por fin se empieza a despejar. Ahora ya hay más espacio entre la gente. Ya estamos sobre 16 de septiembre y por primera vez en unas dos horas logramos respirar bien y calmarnos. Caminamos pausado pero a ritmo constante. —Wey y luego Karla que empieza a chillar —Comenta Isaac en tono burlón —¿Neto?, ¿por qué?... Ay la hubieras grabado en video —Continúo con la broma —Ay, ya… Pues sí es que se me recargó un güey gigante y me aplastó y me empecé a desesperar —Interrumpe Karla —Sí, no mames, pinche güey ballena. Sí la iba a grabar para enseñártela pero se me hizo de mal gusto. —Continúa Isaac —Ay, cómo me perdí eso —Agrego —Sí, pero luego cuando las viejas empiezan a chillar es porque se alteran y yo pensé: “Esta vieja igual se pone de histérica y empieza a cachetear a todo mundo” —Responde Isaac —Ay, tampoco o sea nada que ver. Pero pues sí me angustié porque estaba aplastada y sin aire casi —Aclara Karla —El lunes les enviaré un mail poniéndoles: “Karlas que lloran en tumultos:” —Interrumpe Isaac
Me río. Continuamos caminando. No tengo ni puta idea de dónde quedaron las personas que estaban conmigo en la joyería, espero que hayan logrado salir. Suena mi celular y contesto:
—¿Dónde estás? —Pregunta mi padre —Apenas vamos saliendo; o sea, estaba horrible todo. Ahorita les cuento —Contesto —O.K., mira ha muchísimo tráfico mejor vente caminando. Aquí te esperamos —Dice —Sí, de hecho eso pensé… —Caminas por Juárez y en Balderas das vuelta a la izquierda y luego sobre Morelos a la derecha y en la primera calle a la derecha ésa es Humboldt… —Sí, ya sé cómo llegar. Ahorita los veo ahí —Interrumpo. O sea yo siempre consulto la Guía Roji y Google Maps… Ya estamos llegando al Eje Central, no puedo creer la cantidad de gente que sigue intentando entrar; no van a ver nada. Sigo preguntándome: ¿en qué momento pensé que sería una buena experiencia venir al Zócalo de la Ciudad de México sabiendo cómo se ponen este tipo de eventos? Carajo. Comments (1)
TrackbacksThe trackback URL for this entry is: http://molletito.spaces.live.com/blog/cns!9AF4752B82CC07E8!2400.trak Weblogs that reference this entry
|
|
|